Benidorm suele parecer una elección sencilla: dos grandes playas, hoteles para casi todos los presupuestos y una ciudad diseñada para moverse sin demasiadas complicaciones. Sin embargo, mientras comparas alojamiento en o-Hotel, conviene mirar también qué hay alrededor de cada zona. Rincón de Loix acerca la Serra Gelada y Punta del Cavall; Poniente facilita la visita al Tossal de la Cala; el casco antiguo coloca el Balcón del Mediterráneo, Mal Pas y las calles de tapas a pocos minutos a pie.
Elegir bien cambia por completo la respuesta a qué hacer en Benidorm. La ciudad no termina donde acaba el paseo marítimo. A pocos minutos de las torres aparecen acantilados de más de 300 metros, calas rocosas, una torre levantada para vigilar corsarios y los restos de un puesto militar romano.
El Parque Natural de la Serra Gelada se extiende entre Benidorm, l’Alfàs del Pi y Altea. Protege tanto la sierra como una amplia franja marina, con paredes abruptas, dunas fósiles y pequeñas calas encajadas bajo las laderas. Su rasgo más sorprendente es la proximidad: desde Levante se pasa del núcleo turístico a un paisaje protegido sin realizar un largo desplazamiento.
La excursión más conocida sube desde Rincón de Loix hasta la Cruz de Benidorm, situada a unos 200 metros sobre el mar. La ruta discurre por calles asfaltadas, pero la pendiente es seria y hay muy poca sombra.
La cruz actual recuerda una misión religiosa celebrada en 1961, durante una etapa en la que el rápido crecimiento turístico y la llegada de nuevas costumbres provocaban tensiones en la localidad. Hoy el interés principal es la panorámica: Levante y Poniente quedan separadas por el casco antiguo, mientras las montañas cierran la bahía por el interior.
Consejos concretos:
Entre las opciones de qué hacer en Benidorm, pocas explican tan bien la relación entre la ciudad, el mar y las montañas.
La ruta de Punta del Cavall ofrece una alternativa menos exigente. Parte cerca del extremo oriental de Levante y continúa por una vía asfaltada cerrada al tráfico general. El camino bordea Serra Gelada hasta la Torre de les Caletes, también conocida como Torre de la Punta del Cavall.
La torre data del siglo XVI y formaba parte de una red costera desde la que se detectaban incursiones de corsarios. Su posición permite dominar un largo tramo de litoral, algo que se entiende mejor al llegar que al leerlo en un panel.
El paseo puede combinarse con dos pequeñas calas:
Ambas pueden resultar interesantes para el snorkel cuando el mar está en calma. Lleva calzado de agua y no confundas una cala recogida con una cala siempre segura: el oleaje puede golpear con fuerza las plataformas rocosas.
En el extremo de Poniente, el Tossal de la Cala conserva restos de un castellum romano del siglo I a. C. El puesto estuvo relacionado con las guerras sertorianas, una serie de conflictos civiles que enfrentaron a distintas facciones romanas en Hispania.
Su ubicación no fue casual. Desde la cima se controlan la costa, la entrada a la bahía y las rutas marítimas. Las pasarelas arqueológicas permiten recorrer los muros y observar el paisaje que daba sentido al asentamiento.
La subida es corta, pero pronunciada. Conviene ir con calzado cómodo y llegar antes del atardecer para leer los paneles con luz. Después se puede bajar hacia poniente o continuar hasta Cala de Finestrat.
Para quien busca qué hacer en Benidorm más allá de playas y ocio nocturno, este pequeño yacimiento aporta una escala histórica que suele faltar en la imagen habitual de la ciudad.
El centro histórico ocupa el promontorio que separa Levante y Poniente. Allí se encontraba la antigua fortaleza, destruida y transformada con el tiempo. Hoy la Plaça del Castell y el Balcón del Mediterráneo ofrecen vistas hacia ambas costas.
El lugar funciona mejor cuando se recorre sin prisa:
El Balcón del Mediterráneo suele llenarse al atardecer. Para una experiencia más tranquila, ve a primera hora y regresa después de cenar, cuando la piedra blanca y las luces de la bahía crean una atmósfera distinta.
Las listas de las mejores playas de Alicante suelen valorar agua, arena y servicios, pero en Benidorm la elección depende sobre todo del ambiente buscado.
Levante es la más animada. Queda cerca de Rincón de Loix, de los deportes acuáticos y de una gran concentración de bares y restaurantes. Conviene a quien quiere actividad constante y distancias cortas.
Poniente es más larga y suele sentirse más abierta. Su paseo marítimo ondulado, diseñado por Carlos Ferrater y Xavier Martí Galí, se ha convertido en una pieza reconocible de la arquitectura contemporánea local. Es mejor para caminatas largas, familias y tardes menos intensas.
Mal Pas tiene una escala mucho menor y una ubicación privilegiada bajo el casco antiguo. Tío Ximo y Almadrava sustituyen la arena amplia por roca, agua más profunda y fondos adecuados para observar peces.
La playa correcta no es siempre la más famosa. Depende de si quieres nadar, caminar, practicar snorkel o tener todos los servicios al alcance.
La silueta triangular de la isla de Benidorm aparece frente a ambas playas principales. Varias embarcaciones realizan excursiones hasta sus alrededores, ofreciendo una perspectiva que cambia la escala de la ciudad: desde el agua, la línea de torres queda encerrada entre Serra Gelada y las montañas del interior.
Las aguas circundantes forman parte de un entorno marino protegido. Algunas excursiones utilizan embarcaciones con visión submarina, aunque la visibilidad depende del estado del mar. Comprueba salidas y condiciones el mismo día; no organices toda la jornada alrededor de un horario antiguo encontrado en internet.
Altea ofrece un contraste inmediato con Benidorm y puede alcanzarse en tranvía. Su casco antiguo sube hacia la iglesia de Nuestra Señora del Consuelo, cuyas cúpulas azules dominan el perfil de casas blancas.
Las calles son empinadas y empedradas, por lo que no es una visita para sandalias delicadas. Después del centro histórico, baja hacia el paseo marítimo. Al buscar dónde comer en Altea, prioriza restaurantes con pescado de temporada, arroces y platos locales, y evita elegir únicamente por la vista desde la terraza.
Benidorm permite pasar de los acantilados de Serra Gelada a un yacimiento romano, una cala de roca o un pueblo blanco en una misma estancia. Ese es su atractivo menos evidente: la infraestructura de un gran destino turístico facilita explorar mucho más que la playa situada
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